1 2 3 4

 

Sobre la cientificidad de la pedagog�a

Durante a�os se ha cuestionado el car�cter cient�fico de la Pedagog�a, en parte por la escasa definici�n de su objeto de estudio que la ha caracterizado. Piaget (1969), por ejemplo, destacaba que la pedagog�a era una de las ciencias sociales menos consolidada por su carencia de sistematicidad y por la ausencia de explicaciones causales que caracterizan a las disciplinas m�s avanzadas. Creo que esta visi�n de Piaget pudo estar muy influenciada por la predominancia en ese momento de la visi�n cuantitativa.

Algo que tambi�n ha contribuido a aumentar la pol�mica ha sido, como indican  Aguilar y otros (1996), la dificultad de la pedagog�a para definir sus propios m�todos de investigaci�n.

Para Aguilar y otros (1996), posici�n que comparto, si el apoyo b�sico para aquellos que niegan la posibilidad de una pedagog�a cient�fica pasa por la multideterminaci�n de los procesos educativos, las posibilidades de defender la cientificidad del resto de las disciplinas sociales son pr�cticamente nulas.

Para diversos autores, como Lemus, es claro que la pedagog�a es ciencia en cuanto tiene un objeto propio, hace uso de m�todos generales y el resultado de sus estudios y de sus hallazgos forma un sistema de conocimientos regulado por ciertas leyes. La pedagog�a no es una ciencia pura, positiva, o aut�noma sino una ciencia social de la cultura o del esp�ritu y como tal recibe la ayuda de las dem�s ciencias y trabaja en estrecha relaci�n con muchas de ellas, piensa este autor.

Por mi parte, pienso que la pedagog�a tiene claramente rango de ciencia, principalmente a partir de la emergencia del enfoque cr�tico, por el cual se constituye en una ciencia en la que importa la subjetividad del ser humano, en la que se toma en cuenta el contexto cultural y las formas de interacci�n de las personas en �l, y que reconoce que el concepto de verdad tiene relaci�n con la visi�n de mundo de cada persona[1].

 

Sobre las ciencias de la educaci�n

Dada la complejidad del proceso educativo se ha planteado desde hace muchos a�os el interrogante de si existe una sola o varias ciencias de la educaci�n[2]. Sobre el tema hay respuestas para todos los gustos. De acuerdo con Sarramona, se han planteado las siguientes posturas:

1.       Un primer grupo lo podr�amos formar con los absolutos partidarios de la Pedagog�a como �nica ciencia de la educaci�n merecedora de tal nombre. Todas las dem�s ciencias relacionadas con la educaci�n ser�an simples ramas de aquella y por tanto son denominadas �ciencias pedag�gicas�.

2.       Otro grupo de autores, si bien consideran a la Pedagog�a como la ciencia general de la educaci�n, no tiene inconveniente en admitir la existencia de otras �ciencias de la educaci�n�, pero sin otorgarles car�cter independiente respecto a la primera. En realidad, pues, se trata de una posici�n muy pr�xima a la anterior con la �nica salvedad de la variante terminol�gica aludida.

3.       En tercer nivel encontramos a quienes admiten la existencia de un conjunto de ciencias relacionadas con la educaci�n, pero independientes entre si como disciplinas cient�ficas. El denominador com�n de las ciencias de la educaci�n ser�a tener por objeto formal a la educaci�n, pero atendi�ndola cada una de ellas desde un punto de vista especifico diferente, lo que les proporcionar� entidad independiente.

4.       En �ltimo extremo estar�an quienes otorgan el calificativo de Ciencias de la educaci�n a toda ciencia relacionada con la educaci�n, directa o indirectamente, aunque no la tengan como objeto espec�fico de estudio.

 

Desde mi punto de vista hay dos cuestiones que mantienen importancia sobre la denominaci�n de ciencias de la educaci�n. Por una parte, de acuerdo con Colom (1982), existe el peligro de que la referencia cada vez m�s gen�rica a las ciencias de la educaci�n provoque el olvido poco a poco de la posibilidad y la necesidad de contar con la ciencia de la educaci�n. El peligro, dice, al que me refiero acecha de tal manera que en algunos ambientes se va imponiendo el criterio de que la educaci�n no merece ser estudiada por si misma, sino que, en todo caso, merece solucionarse la problem�tica que ella crea y plantea en la sociedad o en el individuo. Con lo anterior, se reduce la pedagog�a a un asunto que s�lo podr� resolverse con la aplicaci�n e incidencia de otras ciencias.

Por otra parte, algunos autores plantean la necesidad de una ciencia que integre y unifique el conjunto de las conclusiones alcanzadas por las diferentes ciencias de la educaci�n[3]. En este sentido se pronuncia Colom[4] (1982), posici�n compartida por Sarramona y M�rquez (1985), quienes incluso dicen que si tal ciencia no existiera habr�a que inventarla. Esta ser�a una tarea propia de la ciencia de la educaci�n.

 

Discusi�n complementaria

Como complemento de los comentarios expuestos en los puntos anteriores, es preciso agregar algunas ideas adicionales. Tengo claro que la acci�n educativa ha evolucionado con el paso del tiempo, de una acci�n espont�nea inicial a una claramente intencional. La educaci�n formal no solo se encarga a personas especializadas sino que se desarrolla en instituciones particulares: la escuela.

Pienso que la educaci�n formal gener� una serie de problemas que no eran propios de la educaci�n informal de los primeros tiempos. Al tener el ser humano que aprender sobre temas que no estaban ligados directamente a su vivencia y a su sobrevivencia, es natural que surgieran problemas como el escaso aprendizaje, la falta de inter�s, etc. Todos estos problemas, ligados a cuestionamientos sobre la misma finalidad de la educaci�n, tienen que haber motivado, con el paso del tiempo, el abordaje reflexivo del hecho educativo. En principio de manera b�sicamente filos�fica y luego con un enfoque esencialmente did�ctico como en Comenio y otros. Posteriormente, el abordaje predominantemente positivista le imprimi� un car�cter cient�fico, que enfatizaba en una forma particular de concebir el conocimiento cient�fico y el proceso educativo.

La emergencia de la visi�n cr�tica, con los aportes de grupos como la Escuela de Frankfurt o de pedagogos de la talla de Freire, entre otros, posibilita que la Pedagog�a emerja como una ciencia que da valor al lado subjetivo del ser humano, que asume un car�cter cualitativo en la forma de abordar la investigaci�n en educaci�n, que admite que la noci�n de verdad se ve afectada por la visi�n de mundo de los actores, y que se interesa por problem�ticas que tienen relaci�n directa con la educaci�n como la pobreza o la equidad. Con esta visi�n, adem�s, nos queda espacio para admitir la posibilidad emancipatoria de la acci�n educativa. Personalmente me adscribo a esta visi�n.

Pienso que la pedagog�a es definitivamente una ciencia que debe ser conceptuada en el paradigma cualitativo, que tiene que mostrar que sus resultados tienen alguna validez de cara a la praxis educativa, y adem�s, procurar que dichos resultados cuenten con cierta legitimizaci�n social, esto es, que sean susceptibles de ser aceptados como v�lidos por la sociedad[5]. Esta legitimaci�n social debe obtenerse, pienso, por medio de planteamientos cr�ticos cuestionadores que incidan y modifiquen nuestra propia pr�ctica educativa.

Desde el punto de vista anterior, asumo que en la investigaci�n en educaci�n el  investigador no puede separarse completa y claramente de aquello que investiga, y adem�s, reconozco que no puede  deshacerse de su subjetividad al hacer investigaci�n.


[1] Reconozco y agradezco el aporte de la profesora Dra. Natalia Campos en mi construcci�n de esta visi�n.
[2]
De acuerdo con Sarramona el t�rmino �Ciencias de la educaci�n�fue utilizado por primera vez por Julien de Par�s en 1817.
[3]
Por ejemplo, Aguilar et al. (1996) indican: �Existen muchos resultados dispersos que requieren de una articulaci�n te�rica que les d� coherencia y ampl�e su capacidad explicativa�.
[4]
Incluido en la Antolog�a �Teor�a de la Educaci�n�. UNED, 1996.
[5]
Comparto aqu� la visi�n de Dobles y otras (1998).


1 2 3 4

Revista Virtual, Matem�tica Educaci�n e Internet.
Derechos Reservados.